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La alta ingesta de sal puede tener un efecto deletéreo en la memoria y el funcionamiento cognitivo, además de su efecto hipertensivo | Por: @linternista

Según un estudio en animales publicado en Nature Neuroscience,[1] la alta ingesta de sal puede tener un efecto deletéreo severo en la memoria y el funcionamiento cognitivo, independientemente de su efecto sobre la presión arterial. Después de solo unas semanas, ratones alimentados con una dieta rica en sodio presentaron una disminución significativa del flujo sanguíneo en regiones del cerebro relacionadas con el aprendizaje y la memoria.

Los investigadores, un equipo de Weill Cornell Medicine en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, alimentaron a ratones con el equivalente a casi 6.000 mg de sal al día en una dieta humana. Los ratones tuvieron dificultad para construir un nido y dificultades para encontrar la salida de laberintos, ya que la disminución del flujo sanguíneo pareció afectar tanto a la cognición como a la memoria espacial.

En comparación, Centers for Disease Control and Prevention recomienda que los estadounidenses limiten la ingesta de sal a cerca de 2.300 mg al día como parte de un plan de alimentación saludable.[2] De acuerdo con la Food & Drug Administration (FDA) de Estados Unidos, la mayoría come casi 50% más que esa cantidad.

Aunque la hipertensión, asociada a una alta ingesta de sal, puede desencadenar un aumento en el riesgo de ictus (anteriormente llamado accidente cerebrovascular) y la aparición de demencia,[3] el Dr. Costantino Iadecola, autor principal, director del Feil Family Brain and Mind Research Institute y profesor Anne Parrish Titzell de Neurología en Weill Cornell Medicine, no considera que esto haya causado el deterioro cognitivo observado en su estudio.

«Esa fue la sorpresa», dijo. «Descubrimos que alimentar a ratones con una dieta con alto contenido de sal (8 a 16 veces la cantidad en la dieta normal), que corresponde a los niveles más altos de consumo de sal, es lo que da lugar a la alteración cognitiva. Los efectos nocivos de la sal sobre el cerebro son independientes de los incrementos de la presión arterial. Por consiguiente, es la alta ingesta de sal alimentaria por sí sola la que alteró la función cerebral».

El Dr. Iadecola añadió que hay evidencia en la literatura que respalda la idea de que estos resultados también se aplican a seres humanos.[4]

«Estudios epidemiológicos citados en nuestro artículo demuestran un vínculo importante entre ingesta excesiva de sal alimentaria y enfermedad cerebrovascular, deterioro cognitivo y demencia», dijo.

Respuesta inmunitaria y el eje intestino-cerebro

Los investigadores observaron que los ratones que consumían una dieta rica en sal desarrollaban una respuesta inmunitaria en sus intestinos que aumentaba las cifras de leucocitos. Esto tenía un efecto negativo en otras células inmunitarias y a la vez aumentaba la proteína interleucina-17 (IL-17), que reduce las concentraciones de un compuesto decisivo para la circulación saludable, el óxido nítrico.[4]

«El efecto se debe a la acumulación intestinal de una clase especial de linfocitos (células TH17), que producen altas cantidades de IL-17″, dijo el Dr. Iadecola. “Esta entra en la circulación sanguínea y afecta las células endoteliales del cerebro, que revisten los vasos sanguíneos cerebrales, y suprime la producción de óxido nítrico. Tal abolición de óxido nítrico disminuye el flujo sanguíneo del cerebro y produce el daño neuronal que desencadenará alteración cognitiva».

Añadió que las bacterias intestinales también pueden desempeñar un papel en esta reacción inmunitaria mediada por la sal, pues en un estudio humano previo se había observado su efecto directo sobre los linfocitos intestinales.[5]

El Dr. Iadecola dijo que la conexión intestino-cerebro pudiera también verse afectada por otros factores como los lípidos saturados, el azúcar y los edulcorantes artificiales. «Esto es una posibilidad, pero aun no se ha determinado si estos factores alimentarios producen daño al absorberse en el intestino, entrar en la circulación y actuar directamente sobre los vasos sanguíneos del cerebro, o al inducir una respuesta inmunitaria que da por resultado los efectos nocivos, como encontramos que definitivamente fue el caso con la sal alimentaria», explica.

Un inhibidor revierte el efecto

Para establecer que las altas concentraciones de IL-17 inducidas por la sal, más que la hipertensión, producían el deterioro cognitivo, el Dr. Iadecola y sus colaboradores dieron a los ratones que se estaban alimentando con la dieta rica en sal un fármaco denominado inhibidor de ROCK Y27632. Este fármaco redujo las concentraciones de IL-17, lo cual hizo que los ratones recuperasen su conducta y cognición casi normales.

No importa cuán promisorio pueda ser esto, hay una diferencia importante entre aplicar este tratamiento en ratones y en seres humanos, según el Dr. Iadecola. «No sabemos si hay daño irreversible en seres humanos que han consumido considerable sal alimentaria durante toda su vida, por contraposición a solo por algunas semanas en ratones».

Muy poca sal también podría ser un problema

De acuerdo con el Dr. Michael Harrington, director de neurociencias en Huntington Medical Research Institutes en Pasadena, Estados Unidos, «el estudio del grupo de Nowak en personas mayores se deriva de determinaciones reales del sodio sanguíneo, [6] y aunque los resultados puedan desviarse de lo que sería una distribución normal en la población, también demuestran que el sodio muy bajo o muy alto en la sangre no es bueno para la función cognitiva y también se correlaciona con un agravamiento de la función cognitiva».

Sin embargo, al Dr. Harrington le fascinan los hallazgos del estudio. «El grupo de ratones del Dr. Iadecola tienen esta intrigante conexión intestino-cerebro en la que el aumento de la sal alimentaria en el intestino desencadena daño de los capilares cerebrales mediado por factores inmunitarios, lo que da por resultado deterioro cognitivo. Es sorprendentemente interesante cómo el ligero descontrol de la fisiología mecanicista puede causar daño cerebral».

Esto apoya la investigación que demuestra que la dieta es un potente factor que influye en la salud cognitiva. «No sabemos si una dieta saludable es esencial para que una persona con demencia mantenga una buena calidad de vida y también evite la pérdida de peso corporal, un efecto secundario común de los tratamientos de la demencia, así como los trastornos neuropatológicos subyacentes», dijo Deborah R. Gustafson, maestra en ciencias, Ph. D., profesora del departamento de neurología en la State University of New York, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos.

Gustafson considera que es recomendable moderar la ingesta de sal, aunque solo sea para evitar el deterioro cognitivo relacionado con la hipertensión. «Puesto que la alta ingesta de sal alimentaria se relaciona con la hipertensión, por lo menos en personas sensibles a la sal, entonces las mayores ingestas de sal se podrían relacionar con problemas cognitivos. Los datos observacionales son muy congruentes para una relación riesgosa entre la hipertensión a una edad madura y la demencia».

De acuerdo con el artículo de 2010 publicado en American Journal of Hypertension, el daño a la sustancia cerebral causado por la hipertensión crónica se relaciona con alteración cognitiva.[7]

El Dr. Iadecola concluye que aunque apenas se está descubriendo plenamente el papel que desempeña la sal en la enfermedad de Alzheimer y el deterioro cognitivo, «dejando a un lado enfermedades específicas, considero que moderar la ingesta de sal es una práctica necesaria para mantener saludable al cerebro y evitar las enfermedades cerebrales, sobre todo en poblaciones con riesgo, como los individuos con factores de riesgo cardiovascular (diabetes, hipertensión, etc.), esclerosis múltiple o enfermedad intestinal inflamatoria».

Fuente: espanol.medscape.com

Referencias:

  1. Faraco G, Brea D, Garcia-Bonilla L, Wang G, y cols. Dietary salt promotes neurovascular and cognitive dysfunction through a gut-initiated TH17 response. Nat Neurosci. Feb 2018;(2):240-249. doi: 10.1038/s41593-017-0059-z. PMID: 29335605. Resumen

  2. Dietary Guidelines for Americans: 2015-2020. 8th ed. Centers for Disease Control and Prevention. Consultado el 6 de febrero de 2018. Disponible en: https://health.gov/dietaryguidelines/2015/guidelines/
  3. Faraco G, Iadecola C. Hypertension: a harbinger of stroke and dementia. Hypertension. Nov 2013;62(5):810-817. doi: 10.1161/HYPERTENSIONAHA.113.01063. PMID: 23980072. Artículo
  4. Boegehold MA. The effect of high salt intake on endothelial function: reduced vascular nitric oxide in the absence of hypertension. J Vasc Res. 2013;50(6):458-467. doi: 10.1159/000355270. PMID: 24192502. Artículo
  5. Kebir H, Kreymborg K, Ifergan I, Dodelet-Devillers A, y cols. Human TH17 lymphocytes promote blood-brain barrier disruption and central nervous system inflammation. Nat Med. Oct 2007;13(10):1173-1175. doi:10.1038/nm1651. PMID: 17828272. Resumen
  6. Nowak KL, Yaffe K, Orwoll ES, Ix JH, y cols. Serum sodium and cognition in older community-dwelling men. Clin J Am Soc Nephrol. 7 Mar 2018;13(3):366-374. doi: 10.2215/CJN.07400717. PMID: 29439092. Resumen
  7. Nagai M, Hoshide S, Kario K. Hypertension and dementia. Am J Hypertens. Feb 2010;23(2):116-124. doi: 10.1038/ajh.2009.212. PMID: 19927134. Artículo

Comité editorial medicinapreventiva.info

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