Nuevos antibióticos modificados para tratar las infecciones por bacterias multirresistentes | Por: @linternista

Cuando los antibióticos son utilizados de forma abusiva o errónea –como sería usarlos para tratar enfermedades que, como la gripe, son causadas por un virus y no por una bacteria–, pierden su eficacia. En estos casos, las bacterias acaban mutando y adquiriendo ‘resistencia’ a estos fármacos, que dejan de ser útiles. Entonces, ¿qué se puede hacer?

Pues investigadores del Colegio Universitario de Londres (Reino Unido) podrían haber hallado la manera de superar las resistencias de las bacterias a los antibióticos. Y para ello, ‘solo’ se requeriría modificar los fármacos para que, en lugar de específicos y sutiles, recurran a la fuerza bruta.

Como explica Joseph Ndieyira, director de esta investigación publicada en la revista «Scientific Reports», «cada antibiótico lleva a cabo su función de una forma diferente, pero todos necesitan unirse a las bacterias para poder matarlas. Los antibióticos tienen ‘llaves’ que encajan en las ‘cerraduras’ que se encuentran en las superficies de las bacterias, lo que les posibilita ‘engancharse’ a la misma. Pero cuando una bacteria adquiere resistencia a un fármaco, cambia de forma efectiva sus cerraduras para que la llave del antibiótico no pueda encajar nunca más. Sin embargo, y de una forma más que increíble, hemos hallado que algunos antibióticos todavía pueden forzar la cerradura porque tienen la capacidad para empujar aún más fuerte. De hecho, algunos empujan de una forma tan fuerte que sacan la puerta de sus goznes, matando a la bacteria de forma instantánea».

Fuerza, que no maña

En el estudio, los autores midieron las fuerzas mecánicas que ejercen cuatro antibióticos sobre las bacterias, tanto sensibles como resistentes. Unos antibióticos entre los que se contaba la ‘vancomicina’, fármaco de gran potencia que se utiliza como el último recurso en el tratamiento de algunas de las bacterias resistentes más comunes –como el ‘Staphylococcus aureus’ resistente a penicilina (SARM)–, y la ‘oritavancina’, versión modificada de la vancomicina que es emplea frente a las infecciones cutáneas complejas.

Los resultados mostraron que si bien los cuatro antibióticos evaluados ejercieron unas presiones similares sobre las bacterias sensibles, las fuerzas llevadas a cabo sobre las resistentes fueron muy, pero que muy diferentes.

Como indica Joseph Ndieyira, «hemos visto que la oritavancina presiona sobre la bacteria resistente con una fuerza 11.000 veces mayor que la vancomicina. Así, y si bien porta la misma ‘llave’ que la vancomicina, la oritavancina fue altamente efectiva a la hora de matar a las bacterias resistentes. Hasta ahora no teníamos muy claro cómo la oritavancina mataba a las bacterias, pero nuestro trabajo sugiere que las fuerzas que genera son capaces de abrir agujeros en las superficies de las bacterias».

En consecuencia, la vancomicina requiere entre 6 y 24 horas para matar una bacteria, tiempo que en el caso de la oritavancina se reduce a 15 minutos. Una disminución ciertamente impresionante que se explica por el mecanismo de acción de cada antibiótico. Todo ello a pesar de que el segundo no sea más que una versión modificada del primero.

Concretamente, lo que hace la vancomicina es interrumpir algunos de los procesos vitales de la bacteria, que poco a poco va perdiendo fuerza y acaba muriendo. Un resultado que en el caso de la oritavancina no se alcanza de una manera tan ‘elegante’, sino recurriendo a la fuerza.

Como refiere en director de la investigación, «las moléculas de oritavancina son buenas a la hora de pegarse y formar agregados, lo que básicamente cambia la forma en la que matan a la bacteria. Cuando dos agregados cavan en la superficie de la bacteria, lo que hacen es separarse para rasgar esta superficie y matar al microorganismo. Es más; también hemos visto que las superficies de las bacterias albergan las condiciones para favorecer esta formación de agregados, lo que hace que los antibióticos sean más efectivos».

Acabar con las ‘multirresistencias’

En definitiva, parece que en ocasiones más vale fuerza que maña. Y para evaluar esta posibilidad, los autores han desarrollado un modelo matemático muy sofisticado que muestra cómo se comportan los antibióticos en la superficie de las bacterias, lo que permitirá identificar nuevos fármacos que puedan destruir los microorganismos a base de fuerza bruta.

Como concluye Joseph Ndieyira, «nuestros hallazgos nos ayudarán no solo a diseñar nuevos antibióticos, sino también a modificar los actualmente disponibles para superar las resistencias. La oritavancina es tan solo una versión modificada de vancomicina, y ahora que ya sabemos los que pueden hacer estas modificaciones podemos hacer los mismo con otros antibióticos. Esto nos ayudará a crear una nueva generación de antibióticos para combatir las infecciones por bacterias multirresistentes, infecciones que constituyen una de las mayores amenazas para la salud pública global».

Fuente: abc.es

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