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El dopaje a largo plazo tiene un alto precio para el hígado y el sistema reproductor | Por: @linternista

El dopaje a largo plazo tiene un precio caro en quienes lo practican, no sólo por el riesgo que supone que los cacen y se venga bajo toda una carrera profesional (incluidos títulos), sino porque el organismo queda «tocado» para siempre.

Eduardo Ribot, médico especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte manifiesta que «las consecuencias dependen mucho de la sustancia de la que se ha abusado. Pero con el uso de las distintas sustancias dopantes: las secuelas que pueden aparecer son: esterilidad, e impotencia, en el hombre y virilización en la mujer».

Las sustancias dopantes más usadas, suelen ser hormonas, esteroides anabolizantes, básicamente sustancias relacionadas con hormonas sexuales masculinas, hormona de crecimiento, eritropoyetina (EPO), etc… Y respecto a fármacos, destacaría los estimulantes y los corticoides. Los segundos están prohibidos en competición por vías sistémicas, es decir, vía intravenosa, intramuscular, intrarectal y oral». Quienes quieren burlar los controles practican las «microdosis», de forma muy estudiada; «logran evadir los exámenes y la detección», explica el experto de la Clínica Palmaplanas, «con la mala intención de evitar la detección en los controles». Emplean sustancias para incrementar tanto los niveles de fuerza como de resistencia.

Además, hay más riesgo de patologías como algunos tipos de cáncer, sufrir fracturas óseas o retraso de crecimiento en edad infantil. «Respecto a las enfermedades cardiovasculares, pueden aparecer el infarto agudo de miocardio, cardiomiopatías, arritmias, trombosis, alteraciones de coagulación, fibrilación auricular y ventricular.

También se puede producir un trastorno del comportamiento tornándose más agresivo. Incluso, síntomas psiquiátricos. Y entre otras patologías, riesgo de cáncer de próstata, alteraciones hepáticas, alopecia, menopausia precoz, fallo renal crónico, tumor de Wilm, enfermedades autoinmunes…», enumera Ribot, que concluye con los órganos más dañados de esta práctica tan poco deportiva: «Los efectos nocivos de las sustancias dopantes afectan especialmente al hígado. Se manifiestan también en el sistema reproductor y endocrino.

También se ven afecados los riñones, así como el sistema inmune, el sistema cardiovascular, el sistema nervioso central, el sistema respiratorio, el sistema gastrointestinal y el sistema músculo-esquelético. Además de manifestaciones nocivas en la piel, la sangre y algunos efectos psiquiátricos».

Fuente: http://www.larazon.es/

Comité editorial medicinapreventiva.info

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